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Floyd Mayweather y sus problemas con el dinero

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Floyd Mayweather Jr. es uno de los grandes ejemplos de cómo un deportista puede convertir su carrera en una fuente extraordinaria de ingresos. No solo fue un boxeador invicto, con un récord profesional de 50 victorias y ninguna derrota, sino también una marca global construida alrededor del espectáculo, la exclusividad y el dinero.

Durante años, su apodo, “Money”, fue mucho más que una forma de presentarse ante el público. Era parte de su identidad comercial. Coches de lujo, relojes exclusivos, aviones privados, joyas, mansiones y grandes cantidades de efectivo formaban parte de una imagen pública cuidadosamente asociada al éxito económico.

Sin embargo, su caso también permite explicar una idea fundamental para cualquier deportista profesional. Ganar mucho dinero no significa necesariamente tener una buena salud financiera.

Mayweather ha protagonizado algunos de los combates más rentables de la historia del deporte. En 2015, su pelea contra Manny Pacquiao fue descrita por Forbes como la primera gran “noche” de 600 millones de dólares en la historia del deporte. Según esa estimación, Mayweather habría superado los 240 millones de dólares de ingresos solo por ese combate.

Dos años después, volvió a alcanzar una cifra extraordinaria frente a Conor McGregor. Forbes estimó que Mayweather ganó 275 millones de dólares por aquella pelea, muy por encima de los 100 millones garantizados inicialmente, debido a su papel como gran protagonista del evento y también como promotor.

Son cifras difíciles de imaginar. Pocos deportistas han tenido una capacidad tan grande para transformar su rendimiento deportivo en un negocio multimillonario. Según Celebrity Net Worth, los ingresos totales de la carrera de Mayweather superarían los 1.200 millones de dólares, una cifra que lo sitúa entre los deportistas mejor pagados de todos los tiempos.

Ese mismo medio estimaba en 2026 su patrimonio neto en 50 millones de dólares. La comparación entre ambas cifras resulta especialmente llamativa. No significa necesariamente que Mayweather haya perdido todo lo ganado, porque el patrimonio neto puede variar según deudas, activos, litigios, valoraciones privadas y dinero pendiente de cobro. Pero sí ayuda a entender una idea clave. No es lo mismo facturar una cantidad enorme durante una carrera deportiva que conservarla, protegerla y transformarla en estabilidad a largo plazo.

Alrededor de esa misma etapa también aparecieron problemas relevantes relacionados con impuestos, pagos pendientes, demandas y obligaciones financieras.

En 2017, ESPN informó de que el IRS, la agencia tributaria de Estados Unidos, reclamaba a Mayweather 22,2 millones de dólares en impuestos federales correspondientes al año 2015. Ese fue precisamente el año del combate contra Pacquiao, uno de los mayores ingresos de toda su carrera.

Un día después, ESPN publicó que Mayweather también tenía pendiente otro gravamen fiscal de 7,2 millones de dólares relacionado con impuestos del año 2010, correspondiente al periodo en el que peleó contra Shane Mosley.

En febrero de 2026, Mayweather presentó una demanda contra Showtime en la que alegaba que al menos 340 millones de dólares de sus ingresos por combates no habían sido pagados y estaban “perdidos y sin contabilizar”, según recogió Celebrity Net Worth. ESPN también informó de que la demanda buscaba recuperar cientos de millones de dólares que Mayweather considera mal gestionados o desviados dentro de una supuesta trama relacionada con antiguos socios y asesores.

En mayo de 2026, el caso financiero se complicó aún más. Según ESPN, Mayweather presentó otra demanda en la que reclamaba 175 millones de dólares y acusaba a un antiguo asociado y asesor de inversiones de haberlo defraudado durante varios años. La demanda hacía referencia a dinero, activos, inversiones y bienes de alto valor. Como en cualquier procedimiento judicial, se trata de alegaciones que deberán resolverse en los tribunales.

Más recientemente, en junio de 2026, Reuters informó de que Mayweather se enfrentaba en Nevada a dos cargos graves por presuntamente emitir un cheque sin fondos de 200.000 dólares para comprar un reloj de lujo en Las Vegas en diciembre de 2024. Según la información publicada, los cargos incluían robo por valor igual o superior a 100.000 dólares y emisión de cheque con intención de defraudar. En cualquier caso, conviene recordar que se trata de acusaciones judiciales y no de una condena.

Lo interesante de este caso es que Mayweather no representa al deportista que no tuvo oportunidades económicas. Representa justo lo contrario. Hablamos de alguien que generó cientos de millones de dólares, controló parte del negocio de sus combates y consiguió convertir su nombre en una marca internacional.

Por eso la pregunta no es si Mayweather ganó mucho dinero. La verdadera cuestión es qué enseña su historia sobre la gestión del dinero cuando los ingresos llegan en cantidades extraordinarias y en un periodo muy concreto de la vida.

En el deporte profesional, los ingresos pueden ser muy elevados, pero también muy concentrados en el tiempo. Un boxeador, un futbolista, un tenista o un jugador de baloncesto pueden ganar en pocos años más dinero del que muchas personas ganan durante toda una vida laboral. Sin embargo, esa etapa no dura siempre.

El cuerpo cambia, los contratos terminan, los patrocinios pueden desaparecer y la atención mediática se reduce. Cuando el nivel de gasto se adapta al momento de máxima fama, el riesgo financiero aumenta. Lo que durante unos años parece sostenible puede dejar de serlo cuando los ingresos bajan o cuando aparecen obligaciones acumuladas.

Comprar una mansión no significa asumir solo el precio de compra. También implica mantenimiento, impuestos, seguros, personal, seguridad y otros gastos constantes. Lo mismo ocurre con los coches de alta gama, los relojes, las joyas o cualquier otro bien de lujo. Pueden transmitir riqueza, pero no siempre garantizan estabilidad ni liquidez.

Ahí aparece una de las grandes lecciones del caso Mayweather. Una persona puede tener activos muy valiosos y, aun así, enfrentarse a problemas concretos de pago, de impuestos o de liquidez. La riqueza visible no siempre coincide con la estabilidad financiera.

La riqueza visible se muestra en redes sociales, entrevistas, apariciones públicas y compras llamativas. La estabilidad financiera se construye de otra manera. Está en la capacidad de pagar impuestos a tiempo, conservar liquidez, controlar el gasto, diversificar inversiones, revisar contratos y planificar qué ocurrirá cuando los ingresos principales desaparezcan.

También está en algo menos visible, pero igual de importante. Comprender los contratos, exigir transparencia, revisar quién gestiona el dinero, controlar las cuentas y no delegar por completo decisiones que pueden afectar a toda una vida. Las demandas presentadas por Mayweather en 2026 reflejan precisamente ese riesgo. Incluso cuando un deportista gana cantidades extraordinarias, puede quedar expuesto si no existe un sistema sólido de control, seguimiento y supervisión de su patrimonio.

Para un deportista, esta diferencia es especialmente importante. El éxito económico no debería medirse solo por lo que se gana durante la carrera, sino también por lo que se consigue conservar cuando esa carrera termina.

La educación financiera cumple aquí una función esencial. No pretende que el deportista se convierta en asesor fiscal, abogado o gestor de inversiones. Su objetivo es que tenga criterio suficiente para comprender su situación, hacer buenas preguntas y no desconectarse por completo de las decisiones que afectan a su patrimonio.

Un deportista puede apoyarse en profesionales, y de hecho debe hacerlo cuando maneja ingresos importantes. Pero delegar no significa desentenderse. Saber cuánto se gana realmente después de impuestos, cuánto se puede gastar sin comprometer el futuro, qué riesgos tienen determinadas inversiones o quién está gestionando el dinero, son cuestiones básicas para proteger una carrera deportiva.

Mayweather fue brillante generando ingresos. También fue muy hábil construyendo una marca personal alrededor de su figura. Pero sus problemas fiscales, sus demandas recientes y sus conflictos legales muestran que incluso las grandes fortunas necesitan orden, planificación y control.

Su caso deja una enseñanza muy valiosa para EdufiSport (la línea de Edufinet de educación financiera y deporte). En el deporte, el verdadero problema financiero no siempre empieza cuando falta el dinero. A veces empieza cuando llega demasiado rápido y no se gestiona con la misma disciplina con la que se compite.

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